El Universo

La serie Cosmos: un viaje personal, que dirigió y protagonizó Carl Sagan a principio de los años 80, rápidamente se convirtió en un clásico de la divulgación científica. Pero hace unos años surgió, en clave más actual, una continuación de esa serie legendaria bajo el nombre, apenas modificado, de Cosmos: una Odisea espaciotemporal (2014).

La propuesta estuvo a cargo del popular astrofísico Neil deGrasse Tyson y puede verse en Netflix, donde lidera un conjunto de documentales sobre la naturaleza del universo. En el guión participó la entusiasta Ann Druyan, viuda de Sagan y cocreadora de la serie original. Si asociamos el primer Cosmos con la música New Age de Vangelis, en la nueva versión se destaca la banda sonora, rica en matices sinfónicos, de Alan Silvestri.

Afortunadamente, esta odisea del espacio-tiempo tendrá su secuela: tal como se anunció a mediados del mes pasado, en 2019 podremos disfrutar de una nueva temporada, titulada Cosmos: Mundos posibles.

Cosmos celebra el poder del pensamiento, sobre todo cuando nos exhorta a recordar esas hipótesis que, en el momento de formularse, no podían aspirar al sustento experimental que tantas veces habrían de obtener décadas o siglos más tarde. No faltan, por supuesto, los aspectos de interés político o social, y es de agradecer que, cuando se abordan cuestiones como el recalentamiento global, se lo haga de manera matizada y compleja, más allá del simple alegato ecologista.

En el capítulo séptimo, por ejemplo, se cuenta la historia de Clair Patterson. A través de las mediciones de plomo, este científico logró estipular la edad de la Tierra, pero se involucró en un conflicto de intereses al denunciar la contaminación que ese metal, antes considerado inocuo, iba produciendo de forma cada vez más letal.

En general, Cosmos exhibe una ideología agnóstica en lo religioso y liberal en lo político: ante todo, ni las instituciones políticas ni las religiosas deberían obstaculizar el progreso del saber. Esto va de la mano con una concepción catastrófica y sombría del universo, que Tyson disfruta exponiendo con pícara sonrisa de showman. Antes que preservarnos, el universo busca aniquilarnos, algo que atenta contra la hipótesis de un diseño inteligente o sobrehumano.

Estas cuestiones, deGrasse Tyson ya las razonaba en un ensayo de 2005 titulado «El perímetro de la ignorancia»: allí mostraba, entre otras cosas, cómo los investigadores resignan su pulsión epistemológica y suelen recurrir a la hipótesis de la divinidad cuando se topan con fenómenos inexplicables según el paradigma científico de cada momento.

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xc